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jueves, 17 de octubre de 2019

“Libera tu magia” por Elizabeth Gilbert




¡Qué reconfortante es leer este tipo de libros sobre todo cuando pasas por una crisis laboral, personal, vocacional, etc.! Había escuchado ya de la existencia de este libro, ya que había sido mencionado en diversas ocasiones por los invitados al podcast de Diego Barrazas denominado “Dementes”, el cual tiene como finalidad entrevistar a gente creativa, emprendedores, deportistas, etc., para que compartan la experiencia en su ámbito y el camino que tuvieron que recorrer para llegar hasta donde se encuentran actualmente (Escúchenlo, no se arrepentirán. Y aprovecho para agradecer a Anahí Oliva quien fue quien me lo recomendó y quien además, es fiel lectora del blog/fotógrafa/actuaria/mamá/community manager y así…).

Este libro lo compré en alguna oferta que encontré ¿en dónde creen? En Amazon, ya saben que en esta familia somos Amazonfílicos (si les interesa pueden comprarlo aquí).

Recordemos que Elizabeth Gilbert es la autora del bestseller “Comer, rezar, amar”, y en este libro narra su experiencia con el proceso creativo que lleva a cabo para escribir sus libros e intenta terminar con algunos paradigmas que ella considera se mantienen en este campo.

Para empezar, lo primero que quiere dejar claro es que no es necesario dedicarse a algún tipo de actividad artística (como pintor, músico, escritor, etc.), para hablar tal cual de creatividad, ya que esta puede aplicarse en cualquiera de nuestros ámbitos (ejemplo Netflix, ¿quién dijo que ya ahora veríamos las series y programas a la hora que podamos o queramos sin estar atados a un horario que imponían las televisoras?).

Otro punto que quiere dejar claro es que ese estado “idílico” en donde la “inspiración” llega de la nada y hace que la creatividad fluya y todo se dé de manera muy fácil es una falacia (que si bien sí hay casos de ese tipo son contados). En su caso, ella cuenta que decidió ser escritora y “trabajar” en ello. No estudió alguna carrera relacionada con las artes literarias, pero sí se inscribió en algunos cursos de escritura y temas similares. Lo importante es que una vez que decidió lo que quería hacer de su vida, sabía que no podía dedicarse al 100% a ello y vivir del aire, sino que tenía que buscar un trabajo que le permitiera pagar sus cuentas y que además le quitara la presión de escribir un bestseller o morir de hambre.

Comenzó a enviar sus trabajos a revistas, editoriales, y a todo aquél que creyera que pudiera ayudarle a ser publicada y lo que recibió fue muchas negativas, tantas, que así como usted colecciona imanes para el refrigerador, ella inició su colección de cartas de rechazo, lo cual, al contrario de lo que se creería, no la desanimó, sino que la impulsó a mejorar y a trabajar con más ahínco para lograr sus objetivos.

Este punto que menciona creo que es FUNDAMENTAL: existe realmente muuuy poca gente con algún talento innato, y que aún así, si no es explotado adecuadamente, sirve para dos cosas: para nada y para lo mismo. Por el contrario, el resto de los mortales, tenemos que trabajar y ser disciplinados con la actividad que hemos elegido desarrollar si queremos realmente alcanzar nuestros objetivos. Pocos son los afortunados que además de hacer lo que les gusta, les PAGAN POR ELLO (yo siempre pongo de ejemplo a mi compadre Juan Carlos Casco y Olea, quien desde pequeño amó el automovilismo, y aunque sus estudios académicos no tienen nada que ver con el tema, actualmente es Director de Pista del Gran Premio de México F1 y relator de NASCAR, ¿Y cómo lo logró? pues trabajando en ello, participando en eventos de automovilismo donde no recibía más que una torta y un refresco, preparándose constantemente, y siendo un apasionado por lo que hace).

Lo que realmente importa es identificar esa actividad que nos gusta, que nos apasiona, y llevarla a cabo como si nos pagaran por ello (tal vez algún día así lo sea), pero por lo mientras puede ser que le dé un sentido a nuestra vida siempre y cuando TRABAJEMOS en ello, y no desistamos a pesar que las cosas no salgan a la primera…

Realmente me tocó en lo más profundo este libro, porque me hizo recordar la crisis que tuve hace algunos meses cuando “intenté” cerrar mi blog porque sólo lo leían mis paleros… pero luego recordé que este blog lo abrí como una necesidad que tenía de expresar los sentimientos y emociones que surgían después de leer un libro y que me ha ayudado (siento yo), a mejorar la forma en la que transmito mis ideas (o al menos en eso estoy trabajando). Me hace mucho “click” lo que dice Gilbert en su libro sobre la idealización de la “inspiración”, ya que si esperara para escribir mis reseñas sólo cuando la musa se manifiesta, las publicaría de manera semestral jaja, y aunque mis amables lectores siguen conformando un pequeño pero selecto grupo, es bonito que me pidan prestados libros basados en la reseña que escribí y que podamos intercambiar opiniones sobre los mismos.

Así que la lección aprendida es: ¿quiere tomar un curso de repostería? hágalo y practique hasta que cocine los más deliciosos postres; ¿siempre se sintió atraído por la fotografía? tome un curso y capture las imágenes más representativas de su alrededor; ¿hay un tema que le atraiga? investigue sobre él hasta volverse el más experto de su localidad, región, estado, país, mundo. ¡Los límites se los pone usted!

P.D. Esta reseña la había escrito la semana pasada antes de correr el maratón de Chicago, en el cual pretendía romper mi récord personal, cosa que no sucedió… Releyendo la reseña, nuevamente me siento identificada con lo que se menciona… consciente estoy que no ganaré los primero lugares de un maratón, pero así como Gilbert “abrazó” sus cartas de rechazo, así debo aceptar los malos resultados y seguir “trabajando” y ser disciplinada con los entrenamientos… ya vendrán tiempos mejores 😀

Mi calificación subjetiva:

viernes, 9 de agosto de 2019

“Comprometida” por Elizabeth Gilbert

 


Este libro, es la segunda parte de la exitosa obra “Comer, rezar, amar”. Si usted ya leyó el libro, recordará que después de los viajes que hizo la protagonista y las vicisitudes que vivió, encontró el amor en un brasileño guapo llamado Felipe.

Todo iba como miel sobre hojuelas, ya que se dedicaban a viajar mientras su relación se fortalecía. Liz decidió rentar una casa en Philadelphia la cual se convertiría en su “base de operaciones” cuando regresaran de sus múltiples tours por el mundo. Felipe al no ser residente de los Estados Unidos, no podía permanecer más de 6 meses dentro del país, por lo que una vez cumplido ese plazo, tenía que irse.

En uno de esos viajes de regreso a EEUU, detuvieron a Felipe en el aeropuerto de Dallas, ya que sus continuos viajes de entrada y salida del país resultaban sospechosos, por lo que ya no era posible dejarlo entrar. El agente que lo detuvo le sugirió que una de las formas que más fácil encontraba para modificar su status legal era que se casara con una ciudadana norteamericana.

Esta solución que para otras parejas resultaba obvia y hasta alentadora, resultó un shock sobre todo para Liz, a quien el matrimonio sólo le había dejado un mal sabor de boca y por el que no quería volver a pasar EN LA VIDA. Pero, al no encontrar otra solución, decidieron casarse no sin antes pasar por una serie de trámites burocráticos que suponían muchos meses de espera, ya que el “bodorrio” debería ser autorizado por el gobierno de los Estados Unidos.

Conscientes de tal situación, la pareja decidió autoexiliarse en países asiáticos como Vietnam y Camboya. Mientras un abogado realizaba los trámites correspondientes para poder casarse, Liz decidió investigar sobre el matrimonio, su historia y los cambios que ha sufrido a lo largo de la historia de la humanidad. Esto como una forma de entretenerse pero también para encontrar razones que le ayudaran a aceptar que el matrimonio no es tan malo como ella cree.

En su investigación, pudo entrevistar a mujeres de las localidades donde se hospedaba y llegó a la conclusión que en muchas culturas, y contrario a lo que ella pensaba ¡el amor no era una razón suficiente para casarse! Simplemente se trataba de una etapa de la vida que hombres y mujeres aceptaban como “normal y fundamental” para que las actividades en su comunidad se llevaran a cabo en armonía.

También, descubriría que justo en ese tipo de matrimonios “por conveniencia” por así decirlo, el índice de divorcios o separaciones era muy bajo o casi nulo porque no había nada que cuestionar en esa unión. Así, conforme el amor y demás sentimientos afines se involucraran en una relación, la probabilidad de divorcio era mayor…

Y entonces, por 300 páginas, Elizabeth trata de buscar una justificación sólida para casarse con Felipe que le ayude a no tener miedo a un posible fracaso y a autoconvencerse que esa decisión puede ser la mejor de su vida…

Está ligero el libro y rápido de leer aunque me causa conflicto que deba escribir casi casi una tesis para justificar una decisión que, al menos creo yo, no debería incluir marco teórico, hipótesis ni conclusiones si del amor de su vida se trata…

Mi calificación subjetiva: